Miércoles, 5 de Julio de 2006
Nuestra intención era la de pisar algún que otro parque,
dada la gran cantidad de cemento que llevábamos de días anteriores.- El primero
que tropezamos con él, está justo enfrente del Museo Nacional de Bellas Artes,
que terminaríamos visitando en la sección de tarde y que nos ha gustado
muchísimo por la gran cantidad de pinturas que alberga – por cierto no abundan
los motivos religiosos . En el Parque de Las Heras nos encontramos con algo
que ya sabíamos pero que hasta ese momento no vemos con toda nitidad: la figura
del paseador de perros; una persona por lo general joven con una gran retahíla
de perros de distintas razas y tamaños que los saca a la calle para que hagan
sus necesidades, se les ve cruzar los semáforos; esperar todos juntos a la
entrega o incorporación de algún compañero y por lo general van todos en buena
armonía.- El Parque en si no tiene buen aspecto: escasean los jardineros y
obras públicas no se ven ni por asomo.- Algo más adelante llegamos al Jardín
Botánico que era uno de los objetivos del día y salimos algo decepcionados de
lo que vimos por la ausencia de cuidados aunque parece que había personal en el
mismo.- Invernaderos, letreros de vez en cuando y una enorme cantidad de gatos
de todos los tamaños y colores; muchas estatuas y poco más.- Decepcionante, a
pesar de que alberga en el mismo recinto una escuela de jardinería y una biblioteca,
pero todo en plan pobretón.- Cruzando la calle se llega al zoológico y eso ya
es otra historia.- No me gusta este tipo de recintos, pero al ser en este país
tenía interés por ver lo que albergaba: el lugar da la impresión que es el
reducto de alguna exposición americana, que ha sido aprovechado para
convertirlo en zoológico.- Hay gran cantidad de animales de todo tipo sin
faltar los tigres, leones y elefantes.- Mucha animación infantil pero no deja
de ser un mero exhibicionismo de animales privados de libertad; poca
investigación y educación se ve en el recinto.- Llega la hora de comer y no nos
complicamos mucho, hay infinidad de lugares para comer, se ven pocas tiendas
por las calles, muchos kioscos de chucherías y algún que otro super, pero poco
más.- La gente debe comer mucho fuera de casa.- Hoy el menú son unas papas con
carne que quitan el hipo y un café con leche; V. saborea una cuña de
pizza y una empanada y al camarero le faltó poco para decirnos que nos fuéramos
que ya llevábamos mucho tiempo allí.- Un amable servidor del orden público – a
los que siempre suelo preguntar – nos indica la dirección del Jardín Japonés,
pero V. se siente preocupada por el estado de salud de su hija y esto nos
hace cambiar los planes: descubrimos la inmensidad de la Avenida de los
Libertadores con doce carriles en cada sentido, los espacios abiertos, un
barrio de enormes bloques pero con pintas de algún que otro lujo y un Museo que
se nos cruza en el camino de arte no sé qué, enclavado en un antiguo palacete
del siglo XVI, que nos sirve de aperitivo para el Museo de Bellas Artes.
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